lunes, 16 de marzo de 2015

STONEHENGE ¿CADA VEZ MENOS MISTERIO?





Son las 5'30 h de la mañana. El silencio es total en La Tortuga. A penas los primeros pájaros y el gallo de la vecina nos anuncian el nuevo día. ¡Ah! Y el sonido de la campana de la Parroquia que nos invita a la celebración de la eucaristía.

Suenan las campanas. Cada vez menos en nuestros pueblos y ciudades. ¿O no? Y suenan menos las convencionales. Ahora el uso de la tecnología también a llegado al repique de nuestro campanarios.  Sin embargo, protestas de los vecinos a parte, hemos de reconocer que el toque de las campanas siempre produces vibraciones distintas en nosotros especialmente si son las de verdad.

Al menos en mí sí. Ciertamente hay que ser respetuosos en los horarios de toque... pero tiene su cosa, su misterio, su arte... a pesar de que ahora ya no se tira de las cuerdas pues la mayoría están electrificadas y con apretar un botón... Yo recuerdo profundamente el toque alegre de las campanas de mi pueblo el día de fiesta... o en el aviso de un funeral... Y siempre me ha gustado.

A hilo de esto, resultan menos misteriosos los monolitos de piedra de Stonehenge. ¿Son esos monolitos una especie de xilófonos de piedra? Pues por ahí van una de las teorías.

Stonehenge, famoso lugar de culto, está formado por monolitos que se transportaron desde los montes Preseli en Gales ¿por qué? sobre todo siendo que justo al lado de este lugar existen suficientes bloques de roca normal. Sin embargo y a pesar de las dificultades de transporte, fueron a buscar esas piedras a más de 260 kilómetros de distancia.

El invetigador Paul Devereux y  otros investigadores del Royal College of Art de Londres, están convencidos que fue su calidad sonora, debido a su densidad y a su alto porcentaje de hierro y magnesio, lo que motivo su búsqueda y traslado.

Es un hecho que algunos de ellos, los denominados "bluestones", emiten auténticos sones de campana cuando, por ejemplo, se les golpea con un martillo. Más aún, uno de los pueblos cercanos al lugar de su extracción, se llama Maenclochog que en galés significa "piedras sonoras" y en este entorno geográfico y hasta bien entrado el siglo XVIII en lugar de campanas se usaba la dolerita local en la iglesia.

Así que ya es menos misterioso el lugar. ¡Arriba las campanas! Las de metal y las de piedra... ¿Por qué 
no? Que no decline su uso responsable.




Abrazos sostenido y feliz toque.
La Tortuga





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